Los platillos que te están cargando el negocio y cómo ubicarlos
Tienes un platillo que todo mundo pide. Aparece en las reseñas, los meseros lo recomiendan solo, sale doce veces un viernes. Y aun así el mes cierra apretado. Del otro lado tienes seis u ocho cosas en la carta que salen dos veces por semana, pero para las que compras un insumo que nadie más usa y que se echa a perder antes de volver a venderse. Los dos casos son problemas de la misma familia: no sabes cuánto dinero deja cada línea de tu menú, y estás decidiendo qué empujar por costumbre.
La ingeniería de menú es solo eso: mirar la carta platillo por platillo con dos datos encima y decidir qué haces con cada uno. No es un ejercicio de contabilidad, es una decisión de operación.
Los dos números que necesitas y por qué uno se malinterpreta
El primero es cuántas unidades vendes de cada platillo en un periodo, digamos el último mes. Ese sale del punto de venta y casi nadie lo ve por platillo; se ve por categoría o por venta total, que no sirve para esto.
El segundo es cuánto te deja cada unidad en pesos: el precio de venta menos el costo real de la receta. Aquí es donde se tuerce el análisis, porque la mayoría lo mira en porcentaje. Un platillo con 80% de margen y otro con 60% no se comparan solos: si el primero deja treinta pesos y el segundo noventa, el segundo está pagando la renta. El porcentaje te dice si el precio está bien puesto; los pesos te dicen cuánto entra a la caja cada vez que sale de la cocina. Para decidir qué empujar, manda el peso.
Y el costo de la receta tiene que estar completo y actualizado: gramaje real, guarniciones, salsa, la tortilla que va de más, el desperdicio del corte. Si tu costeo es de hace un año y no lo tocaste, la ingeniería de menú te va a dar respuestas muy convincentes y equivocadas.
Cuatro grupos, cuatro decisiones distintas
Con esos dos números, cada platillo cae en uno de cuatro grupos. Lo importante no es la etiqueta, es que la acción es diferente en cada uno.
- Se vende mucho y deja mucho. Es tu base. Aquí la única tarea es protegerlo: que la receta no se mueva, que el proveedor del insumo clave esté amarrado, que nunca se acabe a media noche del sábado. No lo toques de precio a la ligera y ponlo donde el ojo cae primero en la carta.
- Se vende mucho y deja poco. Son los que te tienen ocupada la cocina sin dejarte proporcional. Antes de subirle el precio, revisa la receta: gramaje, guarnición, si hay un insumo que puedas comprar mejor por volumen justamente porque se vende mucho. Un ajuste chico en un platillo de alta rotación mueve más que un ajuste grande en uno que sale dos veces.
- Se vende poco y deja mucho. Aquí el problema casi nunca es el platillo: es que nadie lo ve ni lo sugiere. Cámbialo de lugar en la carta, dale nombre y descripción decentes, entrénalo con los meseros y ponlo en la recomendación del día. Este grupo es el que más se puede mover sin cambiar nada de cocina.
- Se vende poco y deja poco. Candidatos a salir. Y no solo por lo que no venden: cada uno te obliga a tener inventario, ocupa espacio en cámara, alarga la capacitación y hace más lenta la decisión del cliente frente a la carta.
Lo que la tabla no ve
Antes de borrar algo de la carta, dos o tres cosas que ningún reporte te dice:
El tiempo de cocina. Un platillo puede dejar buen margen y aun así ser un tapón: ocupa la única plancha durante ocho minutos en el peor momento del turno. Ese costo no está en la receta, está en las mesas que atendiste más lento.
El platillo que jala gente. A veces un grupo llega porque uno de los cinco quiere algo específico y los otros cuatro piden lo que sea. Antes de quitarlo, pregúntale a los meseros si alguien lo pide por nombre.
La merma escondida. Un platillo de baja rotación con insumo perecedero y exclusivo te cuesta más de lo que dice su receta, porque parte de esa compra se va a la basura. Ese es el que sale primero.
El canal. El mismo platillo no deja lo mismo en salón que en reparto. Si vendes por los dos, el análisis se hace por separado.
Qué hacer primero
- Saca del punto de venta las unidades vendidas por platillo del último mes completo. Si tu sistema no lo da por platillo, ese es el primer arreglo.
- Actualiza el costo de receta de tus quince platillos más vendidos con precios de compra de este mes.
- Calcula el margen en pesos de cada uno y ordena la lista de mayor a menor. Vas a llevarte una sorpresa con dos o tres.
- Elige tres platillos de alto margen y baja venta, y muévelos de lugar en la carta esta semana. No cambies nada más para poder ver el efecto.
- Haz una lista de los platillos de baja venta y bajo margen, y revisa qué insumo exclusivo trae cada uno. Quita dos y mide qué pasa con la venta total.
Repite el ejercicio cada tanto, cuando cambien los precios de compra o cuando cambies la carta. La ingeniería de menú no es un proyecto que se termina: es una revisión que se vuelve costumbre.
¿Tu restaurante sigue peleando con esto todos los días?
Taro es el aliado tecnológico que le sigue el paso a tu restaurante: hecho para el ritmo de un servicio lleno y listo para lo que viene. Conócelo.
Ver planes de Taro